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Efemérides literarias del 6 de diciembre

 Efemérides literarias

 1478 Nace Baldassare Castiglione, diplomático y escritor italiano
 1658 Muere Baltasar Gracián, escritor y pensador español
 1718 Muere Nicholas Rowe, escritor inglés
 1781 Nace Charlotte von Ahlefeld, novelista alemana
 1821 Nace Manuel Fernández y González, novelista español
 1873 Muere Manuel Acuña, poeta mexicano
 1882 Muere Anthony Trollope, literato inglés
 1890 Nace Dion Fortune, ocultista y escritora
 1892 Nace Osbert Sitwell, escritor británico
 1900 Nace Germán Arciniegas, escritor e historiador colombiano
 1942 Nace Peter Handke, escritor austríaco
 1943 Nace Nace Ricardo León, novelista y poeta español
 1970 Nace Joumana Haddad, escritora y periodista libanesa

El Héroe - El Político - El Discreto - Oráculo Manual y Arte de la Prudencia, NOVEDAD EDITORIAL




Una buena parte de las obras de Gracián tiene como propósito suministrar al lector las habilidades y recursos que le permitan desenvolverse con éxito entre las trampas de la vida. Despertó interés y admiración en los moralistas franceses de los siglos XVII y XVIII, y en el XIX la de Schopenhauer, quien recibió la influencia del pensamiento graciano y tradujo al alemán el 'Oráculo manual y arte de prudencia'. Su versión, muy fiel al espíritu del autor español fue conocida por Nietzsche; éste manifestó en una de sus cartas: «Europa no ha producido nada más fino ni más profundo en materia de sutileza moral». Actualmente Gracián ejerce una gran fascinación e influencia en todos aquellos lectores que en estos tiempos se acercan a su obra, ya sea por su condensada y extremadamente concisa prosa, bien por la sabiduría que rezuma en sus libros, derivada de su inimitable capacidad para observar y analizar las conductas humanas. ( Extracto del Prólogo a cargo de José Luis Prieto, jurista, experto en motivación de recursos humanos )

El Criticón: Reedición de un clásico de la literatura universal


El Criticón es una obra maestra de la literatura universal. Gracián expresa el desengaño del mundo mientras intenta dar una lección moral. El Criticón viaja a través de las edades del hombre mediante el diálogo entre uno maduro, Critilo (encarna el juicio y la reflexión) y otro joven, Andrenio (criado por una fiera, hombre natural y sin contacto social). Este recorrido va desde su encuentro en la isla de Santa Elena hasta la llegada a la isla de la Inmortalidad. Comienza en la niñez o primavera, prosigue en la juventud o verano; el otoño corresponde a la madurez, la fase juiciosa de la edad del hombre y finaliza en el invierno de la vejez.

Alemania redescubre 'El criticón', "Das kritikon", de Gracián


Uno de los libros más elogiados en esta temporada literaria alemana es de un autor español con más de cuatro siglos a cuestas: El criticón, de Baltasar Gracián (1601-1658). El 'gabinete de sabiduría vital barroca' y 'uno de los puntos culminantes de la historia de la literatura', según apenas dos de las loas publicadas por la prensa alemana, ha sido traducido completamente por vez primera al alemán y editado con esmero por la editorial suiza Ammann. 'Era una injusticia que en Alemania sólo se leyera Cervantes', sostiene su traductor, Hartmut Köhler. Desde la publicación del Das kritikon en otoño del 2001, ya van dos ediciones, para un total de 6.000 libros, lo que es mucho para una obra de estas características, cuyo precio, además, asciende a 65,90 euros.

La crítica, ¿por qué y desde cuándo tiene que medirse y contenerse?


No se trata de la medición o de dar la medida cuando se hace la crítica, o cuando se hace critica. La forma quizá sí, puede contenerse pero no la crítica, porque la crítica proviene y se disemina natural desde la condición crítica de un ser humano y de su formación, pero no puede ni debe ser cohibida ni condenada porque, la crítica participa e interviene en nuestra forma de ser y construye nuestra intensidad y temperatura sensitiva.

Gracián y el simbolismo


La figura y obra de Baltasar Gracián sigue dando que hablar, sobre todo a causa de su ambigüedad o ambivalencia, de su barroquería y retorcimiento mental. El jesuita aragonés se muestra en su vida y obra tan religioso como profano, y tan ortodoxo como heterodoxo. De aquí que sus intérpretes se dividan, acentuando unos su religión y cristianismo, mientras que otros hacen hincapié en su secularidad o laicidad. Entre los segundos se encuentran Alain Milhou, Aurora Egido y otros; entre los primeros Jose Mª Andreu y Jorge Ayala entre otros.

Por mi parte, quisiera mediar en esta disputa no solo aragonesa sino universal, desde la perspectiva de una hermenéutica simbólica. Tengo la desventaja de no ser un especialista o experto en Gracián, pero ello me confiere una mayor apertura o libertad interpretativa: el no ser “graciano” me abre la puerta a una actitud gracianesca y simbólica, recreadora y recreativa. A continuación nos centraremos especialmente en el reciente discurso de A. Egido en su ingreso en la Real Academia “La búsqueda de la inmortalidad en las obras de B.Gracián”, ya que nuestra disputa se centra en esta cuestión de la inmortalidad en su doble clave religiosa y secular.


Frase de Baltasar Gracián

"Es tan difícil decir la verdad como ocultarla" 

Baltasar Gracián

1601-1658

Biografía de Baldassarre, Baldassar o Baldesar Castiglione, españolizado como Baltasar Castiglione o Baltasar Castellón

 Baltasar Castiglione

Humanista y político italiano (Casatico, Mantua, 6 de diciembre de 1478-Toledo, 2 de febrero de 1529). Conde de Novellata, autor del célebre tratado Il Cortegiano (1528), traducido al castellano en 1534 como El Cortesano por Boscán.Recibió una educación humanística en Milán. Vivió en la corte de Ludovico el Moro, de los Gonzaga y de Guidobaldo de Montefeltro. Fue embajador en Roma con León X y trabó amistad con Rafael y con Miguel Ángel. Enviado a España por Clemente VII para tratar con Carlos V, el emperador lo acogió cuando cayó en desgracia en la corte pontificia y le concedió el obispado de Ávila. Escribió poesías líricas en lengua vulgar y poesías latinas. Su obra más importante es El cortesano (1528), cuya influencia sobre la literatura europea de la época fue considerable.

Biografía de Baltasar Gracián y Morales

El mundo es un espacio hostil y engañoso, donde prevalecen las apariencias frente a la virtud y la verdad

Escritor, pensador y religioso español, nacido en Belmonte (una aldea perteneciente a la comarca de la población zaragozana de Calatayud, actualmente conocida como Belmonte de Gracián) a comienzos de enero de 1601 (tal vez ese mismo día 8 en que está fechada su partida de bautismo), y fallecido en Tarazona (Zaragoza) el 6 de diciembre de 1658. Poseedor de una amplísima formación humanística, una excepcional capacidad para el análisis y la reflexión, y un asombroso virtuosismo en el manejo del lenguaje literario y sus más variados procedimientos retóricos, dejó impreso un deslumbrante legado artístico e intelectual que, en el plano formal, le convierte en uno de los mejores exponentes de ese conceptismo barroco que alcanzó su máximo esplendor en las letras hispánicas durante la primera mitad del siglo XVII, mientras que, por el alcance de sus contenidos, le sitúa a la cabeza del pensamiento filosófico español de la época Moderna. 

Forjó un estilo construido a partir de sentencias breves muy personal, denso, concentrado y polisémico, en el que domina el juego de palabras y las asociaciones ingeniosas entre estas y las ideas. El resultado es un lenguaje lacónico, lleno de aforismos y capaz de expresar una gran riqueza de significados.

Baltasar Gracián, vida (1/8)

Baltasar Gracián

Baltasar Gracián nació en los primeros días del mes de enero de 1601. De su ambiente familiar se sabía muy poco hasta que Belén Boloqui (Boloqui 1993) ha desbrozado los orígenes y desarrollo de esta familia aragonesa: fue hijo de Francisco Gracián, médico, y de Ángela Morales. El padre llegó a Belmonte de Calatayud, hoy Belmonte de Gracián, contratado como médico durante un sexenio (1596-1602), para pasar más tarde a la villa de Ateca, requerido durante otros seis años que se extenderán hasta 1620. Con año y medio, pues, inicia Baltasar su primer viaje, el primero de una larga serie en una vida itinerante como será la suya.


En las escuelas comunes de Ateca, o tal vez en su propia casa, debió de iniciarse en las letras en torno a los siete años. Quizá entonces acompañó a su padre en las visitas médicas: lo que es seguro es que en toda su obra la profesión de médico aparecerá siempre caracterizada negativamente, satirizada, lo que le acerca al otro gran prosista del siglo XVII, Francisco de Quevedo. Con diez o doce años sale de allí para empezar lo que hoy llamaríamos estudios de enseñanza secundaria, por aquel entonces etiquetados como “humanidades” o “bellas letras”. Los datos más probables apuntan hacia algún colegio de jesuitas: señala Boloqui que no se puede descartar que cursase humanidades en Calatayud durante cinco años, para pasar después a Toledo, donde aprendería lógica y mejoraría su latín uno o dos años. Él mismo reconoce, en una de sus escasas referencias personales (Agudeza y arte de ingenio, Discurso XXV), haberse criado en la ciudad del Tajo con su tío, el licenciado don Antonio Gracián, beneficiado de San Pedro de los Reyes.

Pese a las dudas, parece evidente que estudió con los jesuitas, lo que equivale a decir que recibió una educación de élite en la España del siglo XVII. En alguno de sus colegios, ya talludito para los usos de la época, debió de sentir la llamada del Santo Padre Ignacio, porque el 30 de mayo de 1619 entró en el noviciado tarraconense de la Compañía de Jesús. Allí pasará los dos años reglamentarios del novicio, dedicado íntegramente a esa formación religiosa, que deja huella perenne en su personalidad. Debido a su preparación anterior, se le dispensa de los dos años preceptivos de humanidades en el seminario de Gerona, lo que es más de valorar si se tiene en cuenta que el general de la Compañía, el P. Vitelleschi, insistía a alguno de los provinciales para que no se diese esa dispensa con facilidad.

Quizá a causa de la muerte de su padre, en 1621 pasa de nuevo al Colegio de Calatayud, donde cursará dos años de Filosofía (1621-1623). Se ha hablado bastante de la importancia de este colegio en la formación de Gracián: primero como estudiante de filosofía, a los veinte años, y más tarde como profesor “en  prácticas” –diríamos hoy-. Por ello habría que evaluar su biblioteca para calibrar la impronta en la prosa de Gracián. La crítica, ante la falta de datos concretos, dista de estar de acuerdo, aunque parece que los fondos bibliográficos no debieron ser tan malos como se ha supuesto. Fuere como fuere, lo cierto es que de aquellos años le quedará un extraordinario aprecio por la ética que permeará toda su producción literaria. Otros cuatro cursos de Teología en el estudio de Zaragoza completan su formación religiosa. Si los datos son exactos, pues, la formación de Gracián se adecua al sistema jesuítico de la Ratio studiorum: cinco años de humanidades; uno o dos para perfeccionar el latín; tres de filosofía, y cuatro o cinco de teología. En la ciudad del Ebro parece que ya había adoptado el carácter retraído y aislado que le va a caracterizar el resto de su vida. Entre la primavera y el verano de 1627 se ordena sacerdote.

Apenas estrenado el ministerio, la Compañía lo diputa para enseñar Humanidades en el Colegio de Calatayud (1627-1630). El ambiente le será a buen seguro grato, frente a su estancia conflictiva en la ciudad del Turia (1630-1631), donde se enfrenta por vez primera con los jesuitas valencianos. De allí pasó a Lérida (1631-1633) para encargarse de las clases de Teología moral. Más tarde a Gandía (1633-1636) para enseñar Filosofía en el colegio jesuita de la villa, donde se renovarán las enemistades valencianas que había dejado atrás años antes.

En el verano de 1636 vuelve a su tierra natal, concretamente a Huesca, como confesor y predicador. La ciudad tiene una importancia capital en la vida del jesuita: en su primera estancia (1636-1639) escribe y publica allí su primer libro (El Héroe, 1637), pero sobre todo lo que importa es que allí conoce e intima con el noble y erudito don Vincencio Juan de Lastanosa, unos seis años más joven que él. Lastanosa es el prototipo de mecenas barroco: su casa fue un verdadero cenáculo literario, desde donde se dispensaba protección a escritores y artistas. Además, estuvo en contacto personal o epistolar con autores españoles y extranjeros. La casa del prócer era conocida por sus exquisitos jardines, por una estupenda armería, por la colección de medallas y por una magnífica biblioteca de cerca de siete mil volúmenes. El mismo Gracián la describió así en la Dedicatoria de la primera edición de El Héroe, en 1637: 
Toda la casa [de Lastanosa] es un non plus ultra del gusto: su camarín, alcázar de la curiosidad; su librería, esfera de la agudeza; su jardín, elíseo de la primavera; y toda junta, el teatro de la escultura, de la pintura, de la antigüedad, de la preciosidad y de la fama. (Gracián 1993, II, pp. 5-6).
Súmese a todo ello que el edificio estaba situado casi enfrente del colegio de los jesuitas, y se podrá comprender la facilidad (y la fidelidad) del sacerdote Gracián a la calle del Coso de la antigua Osca.


En las tertulias celebradas en el palacio de Lastanosa, Gracián traba contacto con la intelectualidad cultural de Huesca: con Juan Orencio de Lastanosa, hermano del mecenas; con el canónigo Manuel de Salinas; con visos de probabilidad, con el historiador don Juan Francisco Andrés de Uztarroz,... A la sombra de todos ellos, Gracián debió de comenzar a sentirse escritor, quizás a expensas en ocasiones del ministerio religioso. Y justo en ese momento comienzan los problemas. 

Y es que en 1637 aparece editado en Huesca, en las prensas de Juan Nogués, El Héroe, publicado a nombre de "Lorenzo Gracián, infanzón". Durante mucho tiempo se ha especulado con esta atribución, y durante años se ha negado la existencia de este personaje. Hoy sabemos, de nuevo gracias a los desvelos de Belén Boloqui, que Lorenzo Gracián no fue un ente de ficción: el nombre corresponde a uno de los hermanos del jesuita, que fue apadrinado por el sacerdote y en quien renunció a sus derechos de mayorazgo. Lo que no está tan claro es la razón que llevó a Gracián a amparar su obra bajo el nombre del hermano menor. Si se quiere una explicación desde lo literario, puede pensarse que, con el cambio, Baltasar jugó una de las tretas que propone en el Oráculo manual: saberse descartar.  Si se opta por una justificación más práctica, lo que es innegable es que Gracián intentó así despistar a las autoridades de la Compañía, porque el Santo de Loyola había estipulado de forma clara en las Constituciones que ningún jesuita debía publicar libro alguno "sin que primero lo vea el prepósito general". Claro que, dado lo reducido del círculo cultural oscense, la autoría no fue un secreto para nadie. Quizá por ello, el año siguiente el P. Vitelleschi aconseja mudar a Gracián de sitio por ser una "Cruz" para sus superiores.

Pese a todo ello, en Huesca permanece hasta 1639. Hacia mediados de ese año está ya en Zaragoza como confesor del Duque de Nocera, virrey de Aragón, con quien visitará la Corte: como a tantos otros, poco tiempo le basta para transformar la maravilla inicial en desengaño. De allí a Pamplona, donde recibiría las primeras informaciones de la guerra de Cataluña.

A fines de 1640 publica en Madrid su segunda obra, El Político. Otra vez sin censura, y esta vez dedicada al duque de Nocera, que hizo aquí el papel de escudo que la vez anterior correspondió a Lastanosa. La suerte se alía esta vez con el jesuita: la guerra de Cataluña, que había estallado en junio de ese año, complicó lo suficiente el panorama de la Compañía en España como para que el librito de uno de sus miembros no se convirtiese en cuestión de gravísima importancia.

Gracián realizará un segundo viaje a Madrid, en donde además de predicar, prepara la publicación de la primera versión de la Agudeza y arte de ingenio, titulada entonces Arte de ingenio, Tratado de la Agudeza(Madrid, 1642). Allí debió permanecer al menos hasta el 11 de febrero de ese año. Los cursos 1642-1644 lo verán de vicerrector del Colegio de Tarragona, donde auxiliará espiritualmente a los soldados leales a Felipe IV. Cae enfermo, y se le envía a Valencia para reponerse. A orillas del Turia, al calor de la magnífica biblioteca del hospital, preparó una nueva obra, El Discreto, que verá la luz en Huesca en 1646.

En noviembre de ese año recibe destino como capellán castrense del ejército del marqués de Leganés, encaminado a socorrer una Lérida sitiada por el mariscal de La Mothe. Y en diciembre vuelve a Huesca como predicador y profesor de Teología moral, donde permanecerá hasta 1650. Esta segunda estancia de Gracián en su patria literaria se caracteriza por una actividad febril. En la primavera del año 1647, aparece el Oráculo manual y arte de prudencia, esta vez “sacado de las obras de Lorenzo Gracián” y dedicado a don Luis Méndez de Haro, valido de Felipe IV. En 1648 publica una segunda versión del Arte de ingenio que ahora lleva el título de Agudeza y arte de ingenio.

En el verano de 1650 le destinan a Zaragoza, donde llega con el cargo de maestro de Escritura. No pasa un año completo sin que Gracián publique una nueva obra, la primera parte de una novela muy especial, El Criticón, que lleva como subtítulo En la primavera de la niñez y en el estío de la juventud). Esta vez lo hace bajo el seudónimo de García de Marlones, anagrama imperfecto de sus dos apellidos, Gracián Morales. También por esas fechas rompe con un antiguo amigo, el canónigo Manuel de Salinas. El cargo que ocupa en Zaragoza, y probablemente también su carácter, junto con la costumbre de publicar sin permiso, paran en Roma, adonde llegan quejas sobre él en febrero de 1652.

En 1653 aparece en Huesca la segunda parte de El Criticón (En el otoño de la varonil edad), dedicado a don Juan de Austria. Algunos jesuitas valencianos interpretaron la crisis VII como un ataque, lo que le granjeó nuevas críticas. Gracián, previsor, ya tenía escudo, pues había tejido una red de elogios a altos personajes, además de la dedicatoria. Y también publica en 1655 (por primera vez a su nombre, con las debidas licencias y reconociéndolo como suyo) El comulgatorio, obra de devoción. La publicación en 1657 de la tercera parte de El Criticón (En el invierno de la vejez), a nombre, una vez más, de Lorenzo Gracián, determina la caída del sacerdote. El nuevo provincial de Aragón, el catalán Jacinto Piquer, recrimina públicamente a Gracián en el refectorio, le impone como penitencia el ayuno a pan y agua, le priva de su cátedra y, a comienzos de 1658, le envía a Graus. 

Al poco tiempo, Gracián escribe al general de la compañía para solicitar el paso a otra Orden religiosa. No se le contesta, pero se le va rebajando la pena: en abril de 1658 ya está en el Colegio de Tarazona con varios cargos. La decadencia física se le aceleró, quizá a raíz de todo lo ocurrido anteriormente: aunque invitado, en junio no puede asistir a la congregación provincial de Calatayud, y muere el 6 de diciembre de 1658 en Tarazona. 

Emilio BLANCO
http://www.liceus.com


Acceder al libro :
El Criticón







Acceder al libro con 4 obras de Gracián:

El Héroe - El Político - El Discreto - Oráculo Manual y Arte de la Prudencia












Biografía de Manuel Acuña Narro

Manuel Acuña

(Saltillo, Coahuila, 27 de agosto de 1849 + Ciudad de México, 6 de diciembre de 1873) Poeta y dramaturgo considerado uno de los más destacados y característicos representantes del romanticismo mexicano. 


Su inflamado carácter romántico, el lirismo que fue apoderándose, poco a poco, de sus anhelos literarios y su naturaleza enfermiza conformaron paulatinamente unos poemas en los que se advierten los destellos de su pasión y su genio poético, características que la turbulencia de sus amores y desamores irían acentuando, para conducirlo, en medio de la locura de amor rechazado, al suicidio. El romanticismo del autor, sin embargo, incluyó, como en otros autores de la época, la actividad política y periodística y una visión filosófica liberal y positivista en que se reconoce el peso de Ignacio Manuel Altamirano, verdadero mentor de la generación romántica.

Biografía de Francisco Díaz


Poeta, dramaturgo y militar salvadoreño, nacido en San Salvador el 6 de junio de 1812, y fallecido -según apuntan la mayor parte de sus biógrafos- en Santa Rosa de los Llanos, el 10 de junio de 1845, víctima de un contraataque bélico de las tropas hondureñas. A pesar de que apenas se han conservado testimonios autógrafos o impresos de sus obras, está considerado como uno de los padres de la literatura salvadoreña, pues a su pluma se debe la primera obra teatral de autor conocido escrita en su patria.

Aunque nació en el seno de una familia de escasos recursos (era hijo del modesto matrimonio formado por José León Díaz y María Josefa Urías), pudo estudiar merced a los libros que le proporcionó un sacerdote amigo de la familia (don José Ignacio Zaldaña, que más tarde sería nombrado obispo). El entonces joven presbítero se asombró del tesón y el esfuerzo autodidacto de Francisco Díaz, y procuró facilitarle una formación humanística basada en el conocimiento de los autores clásicos grecolatinos.