Tenía 78 años. La escritora y también cineasta nació en Cherchell (la antigua Mauritania Cesariense), a unos 90 kilómetros al oeste de Argel.
Gracias al regalo de amor de su padre (profesor de francés de niños
llamados indígenas), la pequeña Fátima entra en la cultura, mientras se
aleja de un futuro “oscuro”, destinado al encierro de las niñas púberes
en la Argelia de aquella época: “Chiquilla árabe que va por primera vez a
la escuela, una mañana de otoño, de la mano de su padre”. Esos fueron
sus primeros pasos hacia la lengua francesa y la frase luminosa,
límpida, como Assia Djebar narra, hermosamente, en la obertura y el
final de El amor, la fantasía (Ediciones del Oriente y del
Mediterráneo, 1990). Así, cuando preguntan a la madre por qué su hija no
se pone velo, la madre responde: “Hiya taqra” (“Ella lee”. Es
decir: “estudia”).