Mitad preciosa del linaje humano,
Triste Mujer esclavizada al Hombre,
Que tu escudo nació, no tu tirano;
Yo a defender tu mancillado nombre
Dulce a mi corazón, audaz me arrojo,
Bien que mi sexo indómito se asombre.
Tal vez me atraiga su temible enojo;
Que en tu defensa combatir no puedo
Sin cubrir a los hombres de sonrojo.
¡Oh! si mi bella con semblante ledo
Reconoce mi amor en mi poema,
Ni a todo un batallón le tengo miedo.
