Veterorrepublicanos en el Madrid actual
Tal y como van apareciendo en el libro, figura, en primer lugar, el periodista César González Ruano,
que después de haber terminado la carrera de Derecho se dedicó al
periodismo llegando a ser un articulista sin límites. En marzo de 1930
entrevistó a José Antonio Primo de Rivera, publicándose la misma en el
periódico Heraldo de Madrid.
Le sigue Clara Campoamor,
impulsora del voto femenino y sobre la que hoy los socialistas mienten
al decir que perteneció al PSOE, cuando lo cierto es que formó parte de
la Junta de Acción Republicana, bajo el liderazgo de Azaña, para
terminar en el Partido Radical, de Lerroux. Antes de nada, su actividad
principal fue la defensa de los derechos de la mujer.
Concha Espina es
la que a continuación aparece en el libro y que, como se sabe, hoy está
olvidada en los medios literarios porque fue falangista; sin embargo
sus colaboraciones en la prensa sirvieron para que Marcelino Menéndez
Pelayo viera en ella a una novelista. Y así fue porque ha sido una de
las mejores escritoras españolas del pasado siglo.
A continuación nos encontramos con Eugenio d?Ors,
el catalán que lo mismo escribía en su lengua regional que en la lengua
del imperio y que llegó a considerar el testamento de José Antonio de
una gran calidad literaria y una página de antología. Fue d?Ors el gran
pensador catalán, así lo dijo Antonio Machado.
García de Tuñón cita a continuación al periodista y escritor Jacinto Miquelarena,
miembro de la llamada generación de 1927, que publicó sus primeros
libros en los años 1929 y 1930 después de haber comenzado como
periodista en Bilbao, su ciudad natal. Fue asiduo a la tertulia que un
grupo de escritores tenía en La Ballena Alegre donde conoció a José Antonio Primo de Rivera.
El autor escribe después sobre el trabajo y vida de María de Maeztu,
hermana de Ramiro, figura central en la educación de las mujeres y como
consecuencia fue nombrada directora de la sección primaria del
Instituto Escuela y por ello fue invitada por universidades
norteamericanas a pronunciar varias conferencias donde da a conocer a la
mujer española.
Citados
ya la mitad de los personajes estudiados en el trabajo de García de
Tuñón nos encontramos, en primer lugar, en la otra mitad, con Melquíades Álvarez, «un ateniense en el Ágora», como así lo definió Azorín por su rica oratoria, o como también dijo Pérez Galdós «era la oratoria misma».
Aparece a continuación el nombre de Mercedes Sanz-Bachiller,
fundadora del Auxilio Social, obra que ha pasado desapercibida para los
historiadores de ahora. Fue Mercedes una de las mujeres más destacadas
en la España de la postguerra. Tuvo problemas con Pilar Primo de Rivera,
aunque ésta reconocería que Mercedes fue una mujer dotada de muy buenas
cualidades y muy seguro de sí misma.
El nombre de otra dama aparece en el libro, se trata de Mercedes Fórmica.
El inculto y sectario gobierno local de Cádiz, donde nació, ha
ordenado la retirada del busto de esta extraordinaria defensora de la
mujer, que estaba en la plaza del Palillero de aquella bella ciudad.
Destaca el autor que llegó a denunciar una ley que dejaba indefensa a la
mujer ante la separación matrimonial, para lo cual publicó un artículo
que se mantuvo congelado por causa de la censura durante tres meses, el
cual llevó por título El domicilio conyugal.
García de Tuñón dedica a continuación un trabajo a Miguel de Unamuno,
el hombre lúcido, de observaciones perspicaces y de juicios exactos, el
mismo que dijo de sí mismo que era poeta y luego todo lo demás.
Colaboró en distintos medios cuyos artículos han sido recogidos en sus Obras completas. Criticó
mucho la dictadura de Primo de Rivera, pero también nos cuenta que
cuando llegó la Segunda República todo el mundo la recibió con gran
regocijo, mientras el mismo día «me alcé contra ella».
Le sigue a continuación el trabajo sobre Pío Baroja,
para quien la República había vivido en plena dictadura, en pleno
despotismo y en plena arbitrariedad. Por algunos críticos estaba
considerado como el novelista español más importante del siglo XIX y
mitad del XX hasta tal punto de que España, no ha producido un
novelista que se le pueda ni comparar. Incluyendo a Galdós, por
supuesto.
García de Tuñón termina su trabajo con Victoria Kent,
la diputada socialista que se opuso al voto femenino porque no creía
que fuera el momento de otorgar el voto a la mujer y que debía de
aplazarse. Por eso Manuel Azaña dijo de ella que hablaba para su canesú,
y accionaba con la diestra sacudiendo el aire con gritos violentos y
cerrando los puños como si cazara moscas al vuelo.
En
definitiva, un libro muy interesante donde el autor hace gala de un
conocimiento de los doce personajes citados muy difícil de superar.
Zoilo San Román López